DOS SOMBRAS.

Entraste de puntillas al aula donde yo me encontraba, silenciosamente te sentaste en un pupitre que estaba al lado de la pared. La puerta la dejaste entre cerrada.

Era otoño y el cielo se cubría de naranja. Me quede mirando por un momento la luz del atardecer que se metía cual intruso por las ventanas del salón y algunos rayos morían por ese espacio entre la puerta semi abierta.

- Las luces las tenía apagadas porque me disponía a descansar un poco, y por eso busque el aula más alejada para hacerlo.

El ambiente era tenue, con colores rojos y amarillos pintados con acuarelas que se estampaban en el blanco de las paredes. 

- Se me hizo un nudo en la garganta cuando te vi entrar.

La sensación de que solo estábamos los dos solos, inquietaba mi cabeza. 

- Te vi sentarte con una elegancia y sin el menor ruido.

Me quede mirando tu perfil, mientras me apoyaba mi cabeza en mis antebrazos. 

- Que me quedaba por hacer, era lo que tanto había deseado. 

Mi mirada se perdió en tus enormes ojos negros y esas enormes pestañas, miraba cada detalle de tu cara, queria grabármela, para que al cerrar los ojos sigas en mi mente y te pueda visualizar. Tus pecas, tus lunares, la forma de tus labios. 

- Eres tan perfecta, gritaba en mi cabeza.

Me lleve el sobresalto de mi vida cuando volteaste a verme fijamente.

- mi mirada logro incomodarte?, esa idea paso por mi cabeza.

Me miraste y una sonrisa creció en tus labios, y tus ojos enormes se entre cerraron tal vez para reconocer al extraño del salón que te estaba mirando.

-Casi me caigo de mi silla por el sobresalto y ese palpitar acelerado que causo verte frente a frente.

Luego volteaste tu mirada nuevamente a esa puerta entre cerrada, pero esta vez en tu rostro se dibujó esa sonrisa coqueta.

- En verdad le cause esa risa. (mi corazon latía muy acelerado)

Me empecé a poner tenso. No es posible que no pueda decirte ni un hola, son pocas las veces que coincidimos, me quedo con la lengua paralizada, que cada que te miro o me acerco a hablar me pongo serio y nerviosos, más callado de lo usual. Solo tiendo a ser cortante con mis respuestas, que solo son un simple si o un no. El aula se va oscureciendo.

- Como puedo parar este latir tan acelerado en mi corazon que siento que retumba esta aula silenciosa. 

El color naranja se va perdiendo con el pasar de los minutos se va tiñendo de un oscuro grisáceo, el silencio se hace cada vez más silencioso.

- Mi corazon se va calmando, porque entiende que ni un hola, este cobarde es capaz de decir.

Cierro mis ojos lentamente, y veo tu rostro, está en mente, y en ella imagino situaciones, de que te saludo de un beso, que conversamos de las constelaciones, o de los universos paralelos, o de las realidades alternas y las consecuencias de las decisiones y las líneas del tiempo, tal vez un poco de almas gemelas, de todo un poco. Todo lo que se pueda hacer para que una conversación larga y amena, tal vez despues te invite un café o un pastel y sigamos hablando. O despues de ello salir caminando por las calles.

Me quede dormido, y al despertar abruptamente te veo muy cerca mío.

- Al parecer entre mi sueño mencione tu nombre

Me miras sorprendida. Estas muy cerca.

- No sé cómo reaccionar.

Solo te miro, busco tus ojos entre la oscuridad y no sé qué hacer. 

- Me paro y corro (soy muy cobarde)

Pero mis piernas perdieron las fuerzas para pararse, tus enormes ojos me tienen arrinconado. Tus pestañas largas me tienen encarcelado.

Solo somos dos sombras en un aula.

Somo una cancion que nadie compuso o un poema que nadie escribió.

Mi cobardía hizo que estas sombras se quedaran en ese instante eterno de mirarse frente a frente

No tuve el valor de huir ni el valor de quedarme.

Te perdiste entre los pasillos de un corazon que latía más fuerte cada que te miraba.

Te perdiste entre sueños e historias creadas de este cuenta cuentos.

Te quedaste entre líneas de una poesía incompleta o un cuento mal contado con un final incierto.

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