Un pecado a orillas del Mar
Abrázame más fuerte que no siento el latido de tu corazón, abrázame para sentir tu aroma, ese aroma de brisa marina, de la frescura de una tarde de verano a orillas de la playa, tu cabello oscuro como noche sin luna, tu piel aún fría por el ambiente de este frío invierno, y el único ruido son de las olas que rompen con toda su fuerza en las rocas de la costa, esa danza de las olas que seducen y dan calma, las gaviotas que con su majestuoso vuelo se lanzan sobre los desprevenidos peces. Las personas se quedan mirando el majestuoso e inmenso océano, el nublado atardecer propio de la costa en invierno, hoy no podemos ver la maravilla vista cuando el sol cual amante se esconde por la orilla del mundo y da paso a su esposa la luna dos amantes que como luz y oscuridad no pueden juntarse, la tarde es nublada y apenas se ve el sol, parece que el cielo quiere llorar por que estos amantes sin pasado ni futuro por un minuto conocieron un pequeño paraíso que se cierra a cada paso de retorno a una realidad, solo existe felicidad en sus cabezas y en el texto que hoy escribo, el frió dejado en los pies descalzos que hoy se mojaron y jugaron en la playa son recuerdos y sus huellas dejadas en la arena son borradas, pues no queda rastro de esta experiencia en el cielo a orillas del mar. Pues es pecado amar como te amo, es pecado pensar lo que pienso, el mar ahoga la lujuria de los besos que te doy entre arena y sal, hoy solo queda el hermoso recuerdo en este infierno llamado vida, ahogo las penas en esta copa y busco el sabor de tus labios en bocas ajenas, no recuerdo nada de las noches y menos de las alegrías, personas vienen y van pero tu nunca mas apareces.
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