Nocturno.

 Entre todas mis amantes, ame la del lunar en el pecho, la que tenia los pezones rosas, esa señorita de día  y mujerzuela de noche, me enseño amar como los amantes entre la luna llena y el amanecer del dia en el mar. Ame su sinceridad que la obtuvo con los años, que la mirada arrugada de un futuro sin existencia me enseño del amor y del futuro.

Un hablar de ella hace que tiemble, sus ojos marrones y su pequeño tamaño me enseño, cual veneno en frasco pequeño enveneno mi ser.

Sus besos tal cual mezcla de recuerdos y una vieja amistad, tus besos amargos, con una frase frecuente "Que estamos haciendo", y un beso que te nos dejaba sin aliento, vi tu nombre pintado en mi ser, la película que quedamos ver  nunca la vimos, el mar de gemido en la noche, y tus pequeños pechos y tu lengua tan dulce que hasta el momento que cada puerto que beso no puedo encontrar.

He buscada en cada puerto que descansa mi cuerpo y mi ser trata de buscarte y solo encuentra soledad, solo mi cuerpo y mi alma quiere tomar palabras para decirte y aun no se encuentran, las palabras abstractas y mi pensamiento quieren coincidir en la coherencia para relacionarse y encontrar una idea para el momento que te escribo no lo encuentra. Aun mis niches llevan tu nombre, aun mis labios tienen miedo de pronunciar tu nombre para no quedarme clavado con tus  nombre, en que momento escribiste tu nombre en tu piel, que en cada copa te recuerdo, respiro esa noche en la que te bese con cómplice de la oscuridad, en la que decidió mi alma de buscarte y sentirme tan incompleto.

Tus besos son pecados, y me convertiste en tu amante sin saberlos, te busco cada noche en cada recuerdo, en cada esquina, en cada madrugada en cada sueño, te busco tan desesperado, y te sigo pendiendo disculpas, que no te debiste ir en un taxi, que debimos buscar un hotel y pasar todo el día juntos, de olvidarnos que teníamos un pasado y un futuro que tocaba la puerta al cual no quería abrir.

La ultima vez que te vi fue en la luna de un carro, mirándote y destrozando el tiempo queriendo subir a ese carro y acompañarte.

Quiero besarte, quiero amarte quiero escuchar tu voz, quiero ver tus ojos.

Maldito el dios que nos vio lejos, maldito mi yo, que decidí ver otros cuartos y no ver tus ojos. Quien puede imaginar que  no dejo de pensar en ti.

Eres mi cielo y mi infierno o tal vez un capricho de mi corazón.






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